Motines, manifestaciones y nuevas agencias de cambio

Saúl Landau.-Un virus de manifestaciones airadas se extiende de un país a otro en respuesta a líderes políticos negligentes e insensibles que han ignorado las necesidades básicas de sus ciudadanos. En su lugar, se han inclinado ante o complacido las exigencias de las corporaciones y bancos transnacionales, y de esa manera han profundizado la ya enorme brecha mundial de los ingresos.

En 2011, miles de millones se enfrentan al hambre o incluso o la hambruna. Una elite más pequeña ha acumulado aún más riqueza.

En 2011, la mierda llegó al ventilador. Las “calles árabes” se rebelaron. En Grecia, España e Inglaterra, los socialistas ya habían asumido la política de los capitalistas. Los bancos se convirtieron en medios y objetivos de la política.

Millones de griegos se echaron a las calles para protestar por los recortes de sus derechos básicos que sus antecesores habían ganado en la lucha, no recibido como regalos de manos de gobiernos benevolentes. Los ciudadanos en las calles, donde pertenecen, engendraron la brutalidad policiaca.

Luego, en España, los “indignados” o multitud de airados jóvenes sin empleo exigieron trabajo y respeto. La policía respondió con brutalidad, como era de esperar. Al igual que Grecia, España tiene un gobierno socialista. Sin embargo, “la tasa de desempleo para los españoles menores de 30 años está como en 40 por ciento —más o menos el doble de la tasa general—. Este hecho por sí solo explica gran parte de la indignación de los indignados”, explica Jordi Pérez Colomé en Commonwealt Magazine.

El Daily Mail de Londres llamó “adolescentes salvajes” a los amotinados de varias ciudades británicas, en referencia a los adolescentes y post-adolescentes que lanzaban botellas, piedras y ladrillos, incendiaban y saqueaban. Los policías, blancos de algunos de los objetos lanzados, no podían controlar a estos indignados manifestantes urbanos.

Aparecieron familiares escenas de TV. Los frustrados policías perseguían a ciudadanos a los cuales el primer ministro había apelado como electores. Sin embargo, la indignación por sus políticas los hizo acreedores de su condena: “inadaptados sociales”, “bandidos” y “gente violenta e irracional”. Ya los había condenado anteriormente al eliminar servicios que el Movimiento Laborista había conquistado décadas atrás.

La rectitud moral del primer ministro Cameron entró en conflicto con revelaciones de su cercanía con policías corruptos vinculados a la pandilla de Murdoch. Agréguese el desempleo a gran escala a un gobierno decidido a implantar la austeridad para los pobres y la glotonería para los ricos.

La capa superior británica absorbe 100 veces más que las clases más bajas. Once millones de personas empleadas viven aún por debajo del nivel de pobreza. En Tottenham, donde hicieron erupción los motines londinenses, “75 por ciento de los niños fueron clasificados como ‘apenas sobreviviendo’. Unos 650 000 niños londinenses viven de esta manera”. (Stephen Hume, Vancouver Sun, 17 de agosto de 2011).

Para aliviar más de un siglo de guerra de clases entre trabajadores y propietarios, pobres y ricos, los genios de la publicidad encontraron su verdadero narcótico: hacer a las masas adictas a las compras, vivir vidas ajenas a través de las vidas de los ricos y famosos, revivir la juventud viendo los deportes en TV.

Los frutos del capitalismo (extender la pobreza y el desempleo, además de miles de millones de dólares para unos pocos) son presentados rutinariamente como el resultado de fracasos personales, mala suerte o decisiones estúpidas en la vida, no como errores sistémicos de diseño.

Inglaterra, Grecia, España y Estados Unidos experimentan altos niveles de desempleo. Los gobiernos responden recortando presupuestos de educación y otros servicios necesarios. De manera simultánea, los gobiernos arrestan a los sin casa y a los hambrientos, lo que Barbara Ehrenreich llamó “criminalizar la pobreza”.

El Sueño estadounidense de Horatio Alger y su equivalente británico existen solo en la oratoria de Michelle Bachman y Rick Perry, los cuales continúan asumiendo las posibilidades de la no existente movilidad social y económica. Después de 30 años podemos decir: La teoría del desborde propugnada por Reagan funcionó —ciertamente la pobreza se ha desbordado (David Harvey).

Los pobres urbanos y los desempleados de algunos países han sido contaminados por el virus del activismo. Exigen viviendas en Israel, no asentamientos en territorio palestino. En la India, un líder anticorrupción en ayuno fue encarcelado. Hasta en China se cansaron de tanta porquería (contaminación y corrupción) y salieron en manifestación.

En agosto, los estudiantes chilenos adquirieron la fiebre. Los videos en TV mostraron a la gente golpeando cazuelas y sartenes (cacerolazo), solo que esta vez las amas de casa que tocaban música atonal no se manifestaban en contra de la dictadura pinochetista y las esposas de los oficiales militares no trataban de intimidar al gobierno de Allende.

Las manifestaciones de principios de agosto en Chile resonaron con un nuevo tema musical: somos jóvenes y merecemos convertirnos en actores en el escenario de nuestra historia.

Las cámaras de TV paneaban al ritmo de las manos que golpeaban cazuelas. Los ciudadanos habían reclamado sus calles. Erigieron barricadas y encendieron fogatas frente a la policía fuertemente armada que lanzó gas lacrimógeno. Luego los policías golpearon a quienes se atrevieron ocupar las calles.

Durante 17 años Pinochet impuso el fascismo militar para enseñar a los chilenos a ser obedientes. En 1990 se sometió a elecciones y fue expulsado. Una coalición de demócrata-cristianos y socialistas restauró la democracia, pero no el socialismo. El derechista presidente Piñera ha presionado para regresar por completo al agresivo “libre mercado” que Pinochet implantó violentamente después del intento de Allende por crear una sociedad más igual.

En respuesta a la “libertad” del capital para controlar todos los aspectos de la vida, decenas de miles de jóvenes chilenos tomaron escuelas y calles exigiendo una educación gratuita de alta calidad.

Al igual que los estudiantes de la era de la Unidad Popular de Allende, los jóvenes chilenos se han convertido en actores de su propio drama, impulsados por la necesidad de eliminar de Chile la “manía de privatizar” que se extendió a la educación.

De la misma manera que sus homólogos en todo el mundo, los estudiantes evitaron a los partidos políticos tradicionales que han traicionado a los pobres y a la gente trabajadora. [Vean “Chile shaken by student revolt” (Chile Sacudido por Revuelta de Estudiantes) de Adrian Wright].

Hemos presenciado el surgimiento de nuevas agencias de cambio en la escena mundial. ¿Dónde están los guionistas? ¿O serán los nuevos actores los que escriban sus propios guiones?

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